Cuando comencé a preparar nuestro
viaje a Tíbet, me puse en contacto con varias agencias para preparar el
itinerario que más o menos tenía en mente. Casi todas ellas ofrecían el
itinerario estándar de la Ruta de la Amistad, el cual consistía en los tres
días que habíamos hecho hasta ahora en Lhasa, más la ruta hasta el campo base
de Everest y final en la frontera de Nepal. Hasta aquí bien, ya que era lo que
entraba en mi idea de viaje, pero buscando información sobre el país, encontré
un lugar que enseguida me llamó la atención, el lago Namtso, uno de los lagos
sagrados de Tíbet. Nada más ver las primeras fotos del lugar, enseguida pensé
que tenía que visitar ese lugar.
Hablé con Dhondup para ver si podíamos añadir
un día extra para visitarlo, e incluso le planteé la idea de pasar una noche
allí, ya que comentarios que había leído por los foros viajeros recomendaban
esa experiencia. Dhondup me comentó que no recomendaba pasar noche allí, ya que
por las fechas en las que íbamos (principios de octubre), corríamos el riesgo
de pillar una nevada copiosa por la noche y quedarnos atrapados allí hasta que
la nieve se derritiese, y es que el lago Namtso se encuentra a 4.718 metros de
altitud. Enseguida descartamos el dormir allí, sin embargo Dhondup nos comentó
que podíamos hacer la excursión hasta el lago en un día y volver a dormir a
Lhasa. En un principio tuve dudas de si merecería la pena ir hasta allí en un
día, ya que había leído que había unas cinco horas en coche, pero me resistía a
no visitar un lugar como ese. Finalmente decidimos ir a visitarlo, así que
añadimos un día más a nuestra ruta para visitar Namtso lake.
Ese día había llegado hoy, así
que tras varios días de visitas a monasterios, hoy íbamos a hacer algo
diferente, cosa que se agradecía.
El lago Namtso se encuentra a 112 kilómetros de
Lhasa. Es un lago de agua salada, y su nombre significa literalmente "lago
celeste", siendo un lugar sagrado para el budismo tibetano, y como ya he
comentado antes, se encuentra a una altitud de 4.718 metros . Como
curiosidad, el lago tiene cinco islas deshabitadas de cierto tamaño. Estas
islas han sido utilizadas para el retiro espiritual de los peregrinos que
caminan sobre la superficie congelada del lago al final del invierno, llevando
alimentos con ellos. Pasan el verano, capturan algo de pescado y regresan a la
costa de nuevo cuando el lago vuelve a congelarse el invierno siguiente, aunque
esta práctica no está autorizada por el gobierno chino.
Salimos puntuales a las 7:30 h
rumbo al lago. Nada más salir de Lhasa, primer control policial, y es que en el
día de hoy llegué a perder la cuenta de los controles que llegamos a pasar.
Unos de velocidad, otros de permisos..... una vez hecho el recorrido entiendes
como puedes tardar cinco horas en hacer un trayecto de 112 kilómetros .
Otra de las cosas que me llamó
mucho la atención fue que en la cuneta de la carretera nos íbamos encontrando
tiendas de campaña ocupadas por militares que hacían ver claramente que estos
vivían en ellas permanentemente. Lo llamativo era que entre una tienda de
campaña y otra no había más de un kilómetro. Cada día me sorprendía más la
represión que hay en el país. De nuevo la indignación se apoderaba de mi.
El camino se hace bastante ameno,
ya que conforme íbamos avanzando, el paisaje comenzaba a cambiar radicalmente y
las grandes montañas comenzaban a aparecer tímidamente.
Hicimos varias paradas
para descansar y hacer fotos, mientras íbamos ganando altura poco a poco.
Cuando ya estábamos por encima de los 4.000 metros , los
primeros rebaños de yaks se dejaban ver, regalándonos imágenes preciosas de las
grandes praderas tibetanas. Todo un regalo a la vista.
En una de las paradas del camino,
ya a 4.500 metros ,
primer encuentro cara a cara con una de las montañas sagradas de Tíbet, Nyenchen
Tanglha (7.162 m .).
Lo que me parecía más increíble de todo lo que estaba viendo es que la montaña
que teníamos justo delante nuestro, una montaña de más de siete mil metros, se
encontraba a pie de carretera. Y es que Tíbet nunca deja de sorprenderte.
Continuamos nuestro camino
ganando altura y deleitándonos con los paisajes que nos regalaba la carretera,
hasta que llegamos a la entrada del Parque Nacional de Namtso Lake.
Tras los
correspondientes trámites de entrada, nos pusimos en marcha. Nada más pasar la
entrada, enseguida comenzamos a encontrarnos mucha nieve por la zona, y es que
sin duda era la mejor advertencia que comenzábamos a estar por encima de los 5.000 metros de
altitud. A estas alturas del viaje, el lugar y el paisaje me tenían completamente
enamorado.
Poco a poco llegamos hasta el paso más alto del parque, el paso La
Ghen Lha, a 5.190 metros, desde donde se obtienen las primeras vistas de Namtso
lake. Bajamos a hacer unas cuantas fotos y disfrutar de las primeras vistas del
lago, aunque con un viento y un frío que hacían muy difícil de conseguir
ninguna de las dos cosas.
Una vez comenzamos el descenso, bajamos hasta los 4.700 metros , mientras
la belleza del lugar poco a poco nos iba dejando sin palabras. Llegamos al
aparcamiento del lago, y enseguida nos pusimos a subir la pequeña montaña
que hay justo delante de este. El
esfuerzo en la subida se hace notar, ya que no hay que olvidar que estamos por
encima de 4.700 metros
de altitud, pero la recompensa es más que merecida.
Miles de banderas de oración
soplando al viento te dan la bienvenida y te dejan entrever tímidamente la
maravilla que tienes delante tuyo, el lago Namtso en todo su esplendor.
Su
intenso color azul, sus altas montañas nevadas al otro lado de la orilla, el
cielo y las nubes que parecen dibujadas por las manos de alguien, la luz que
desprende el lugar, sus miles de banderas de colores repartiendo sus oraciones al viento, simplemente puedo decir que aquel era un lugar mágico,
irreal. Era imposible que un lugar así existiese. Recorrimos toda la montaña de
punta a punta sin poder dejar de mirar hipnotizados su belleza.
Tras un rato de disfrute
personal, de dejarse impregnar y disfrutar de la espiritualidad del lugar,
bajamos a la orilla del lago, donde pudimos seguir disfrutando de un sitio como
este, esta vez viendo a pequeñas manadas de yaks recorrer sus frías y
tranquilas aguas.
Justo debajo de la montaña donde habíamos estado paseando, se
encuentran unas cuevas donde podemos encontrar casas de los lugareños que
habitan en el lago. Nos fuimos a pasear por esta parte de la montaña, donde
además de casas, encontramos un monasterio budista esculpido en la roca.
Nuestra visita llegaba a su fin, ya que aún nos quedaba el camino de regreso a
Lhasa. Tras cuatro horas de paz y armonía absoluta, dábamos por concluida
nuestra visita.
El regreso se hizo bastante pesado, ya que de nuevo tardamos casi cinco horas en llegar a Lhasa, aunque la recompensa de haber visitado un lugar como Namtso Lake hacen que cualquier esfuerzo merezca la pena. Si alguien tiene pensado visitar Tíbet, no puede perderse un lugar como este.
El regreso se hizo bastante pesado, ya que de nuevo tardamos casi cinco horas en llegar a Lhasa, aunque la recompensa de haber visitado un lugar como Namtso Lake hacen que cualquier esfuerzo merezca la pena. Si alguien tiene pensado visitar Tíbet, no puede perderse un lugar como este.
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